Hay canciones que se escuchan, mientras que hay otras que te desnudan sin que te des cuenta. Y No Me Des la Tabarra, de Melendi, no me la quito de encima desde hace días. No es una exageración estética, ni una frase bonita para empezar un relato que luego se olvida de lo importante. Es…
Hay momentos en los que la vida te baja de la nube sin avisar, en los que uno descubre su lugar exacto en el mundo sin necesidad de test de personalidad, sin anestesia, ni coaching, y, lo peor de todo, con una sonrisa amable. No hace falta una tragedia, ni una ruptura, ni una crisis…
Volví al gimnasio después de un año. Un año exacto, como esas condenas simbólicas que uno se autoimpone sin darse cuenta. Doce meses de excusas perfectamente estructuradas: enfermedad, viajes, falta de tiempo, falta de ganas, falta de vida... y, si soy honesto, falta de cojones.
Porque uno no deja de entrenar por no poder. Uno…
No paro de imaginar lo que pueden estar sintiendo ahora mismo algunos terraplanistas, o todos, sentados en el rincón más oscuro de sus vidas, viendo por la tele cómo el Artemis II se eleva con esa elegancia obscena que solo tiene la ingeniería cuando decide recordarnos que el ser humano, cuando quiere, hace cosas que…
Yo no iba a la universidad a estudiar. O al menos, no los lunes. Esto lo puedo decir ahora, con la tranquilidad que da el tiempo y con la dignidad ya bastante negociada, pero en aquel momento yo estaba convencido de que era un estudiante ejemplar. De esos que participan, que opinan, que tienen criterio,…
Hay un momento muy concreto en la vida de un hombre en el que se plantea tener un segundo hijo. No es cuando el primero nace, ni cuando da sus primeros pasos, ni siquiera cuando te dice "papá" por primera vez. No. Ese momento llega cuando, después de meses —o años— sobreviviendo, un día te…
Durante tres años estuve escribiendo una novela sobre emigración. Tres años. Que ya de entrada es una cifra sospechosa para algo que, supuestamente, uno hace por placer. Tres años es el tiempo que tarda un niño en aprender a hablar, un gobierno en empezar a decepcionar, o un hombre en convencerse de que una mala…
Yo no fui a Nápoles buscando sexo. Eso lo entendí después. Al principio creí que iba a caminar, a comer bien, a perderme un poco. A cumplir con esa idea honesta —y algo cansada— de "conocer una ciudad". A ver un partido de la Serie A y poco más. Pero Nápoles no funciona así. Nápoles…
No entré al Lupanar como entra un turista. No había prisa, ni foto, ni ese gesto nervioso de quien quiere cumplir con el recorrido y marcharse. Entré como se entra a un sitio donde uno intuye que no es bienvenido del todo, pero tampoco expulsado. Como si el lugar tolerara mi presencia por pura inercia…
Hubo una época en mi vida en la que yo confundía precariedad con autenticidad. Creía, con esa arrogancia dulce del mochilero sin dinero, que dormir en el hostal más barato de la ciudad era una especie de medalla invisible. Mientras otros pagaban hoteles con sábanas planchadas y recepción con sonrisa ensayada, yo elegía la verdad.…
