Yo no creo en el horóscopo

Yo no creo en el horóscopo. Quiero dejar esto claro desde el principio porque uno tiene una reputación que cuidar y ya bastante daño me he hecho solo durante años como para que ahora además alguien piense que tomo decisiones importantes después de consultar a una señora llamada Esperanza Astral.

No creo en Mercurio retrógrado, no sé dónde está Venus y tengo serias dudas de que Saturno esté pendiente de mis facturas. Pero soy Capricornio. Y eso complica muchísimo mi argumento.

Porque un día lees, por pura curiosidad científica, naturalmente, que los Capricornio somos trabajadores, ambiciosos, responsables, testarudos, pesimistas, controladores y bastante malos mostrando lo que sentimos, y entonces ocurre algo incómodo: empiezas a reconocerte. No en todo, claro. Uno conserva cierta dignidad. Pero sigues leyendo para encontrar el punto en el que se equivocan contigo.

Ese es el primer error.

El horóscopo funciona exactamente igual que cuando alguien te dice: «No mires ahora, pero hay una persona mirándote». Uno sabe perfectamente que no debería mirar. Y mira. Con Capricornio pasa lo mismo. Yo no quería saber cómo éramos los Capricornio, pero ahora sé que aparentemente somos una especie de cabra montañesa con problemas de control.

Según Internet, Capricornio tiene objetivos. Muchos objetivos. Objetivos grandes, objetivos pequeños, objetivos trimestrales, objetivos que probablemente estén organizados en carpetas. Eso me parece una calumnia. Yo no organizo mi vida. Mi vida sencillamente tiene demasiadas pestañas abiertas, que es distinto.

También dicen que somos trabajadores. Esto sí me molesta, porque uno intenta cultivar durante años una imagen de persona que improvisa, que fluye, que vive con cierta irresponsabilidad mediterránea y de repente llega el zodiaco a decir: «Qué va. Tú eres el señor que responde correos a las once de la noche».

Hijo de puta.

Luego está lo de la ambición. Capricornio aparentemente nunca está satisfecho. Consigue algo y automáticamente quiere otra cosa. Esto tampoco es cierto. Yo sé disfrutar perfectamente de mis logros. Durante unos siete minutos. Después empiezo a pensar que podría haberlo hecho mejor. No veo el problema. Eso no es ambición. Eso es eficiencia emocional.

También somos muy responsables. Esta característica me parece particularmente ofensiva porque la responsabilidad es una virtud aburridísima. Nadie cuenta una buena historia comenzando: «Érase una vez un hombre extremadamente responsable». Ese hombre probablemente pagó sus impuestos, acostó temprano a los niños y murió con todas las garantías de sus electrodomésticos archivadas. Yo quiero pensar que tengo algo más de aventura, aunque reconozco que alguna vez he guardado una factura porque «por si acaso».

Capricornio también es paciente. Esto es mentira. Yo no soy paciente. Yo puedo esperar, que es diferente. Puedo esperar muchísimo tiempo, pero mientras espero estoy pensando cada treinta segundos por qué coño está tardando tanto aquello que estoy esperando. Eso no es paciencia. Eso es un sufrimiento elegante.

Luego viene uno de mis favoritos: «Capricornio puede parecer frío». Puede parecer. Me encanta ese «puede parecer». Es una forma sofisticada de decir que alguien te manda un mensaje precioso de cuatro párrafos confesándote sus sentimientos y tú respondes: «Sí, entiendo».

Pero no somos fríos. Tenemos sentimientos. Muchísimos. Solo que están archivados, con copia de seguridad y contraseña.

También se dice que nos cuesta pedir ayuda. Esto es completamente falso y puedo demostrarlo. Cuando necesito ayuda, hago algo muchísimo más sensato: intento resolverlo solo durante seis horas, me enfado, insulto varias veces al objeto involucrado, busco tres tutoriales en YouTube, empeoro considerablemente la situación y entonces llamo a alguien.

Como cualquier adulto funcional.

Otro rasgo típico es que somos controladores. Aquí también creo que existe una confusión semántica. Yo no necesito controlar todo. Solo necesito saber qué va a pasar, cuándo va a pasar, quién lo va a hacer, cómo piensa hacerlo, qué alternativas existen si sale mal y por qué nadie me informó antes. Eso no es controlar. Eso es interés.

Somos también testarudos.

No estoy de acuerdo.

Y no pienso cambiar de opinión.

Después aparece el pesimismo. Capricornio siempre espera lo peor. Tampoco. Yo simplemente considero todos los escenarios posibles y, casualmente, dedico mucho más tiempo a los que terminan en catástrofe. Eso se llama planificación. Si uno espera que todo salga mal, cualquier resultado mediocre se convierte prácticamente en una fiesta.

Es un sistema perfecto.

Lo verdaderamente peligroso llega cuando empiezas a leer el horóscopo diario, porque ahí ya no hablan de quién eres. Hablan de lo que te va a pasar. «Hoy recibirás noticias inesperadas». Fantástico. Ahora cualquier sonido del teléfono puede ser una tragedia. «Una persona del pasado podría regresar». Y automáticamente empiezas a hacer inventario. ¿Cuál? ¿La agradable? ¿La que me debe dinero? ¿La que juré no volver a ver aunque aparentemente Saturno opine otra cosa?

«En el amor, deberás tomar una decisión». Esta frase debería estar prohibida. Todo el mundo está tomando decisiones en el amor constantemente: quedarse, irse, escribir, no escribir, bloquear, desbloquear, mirar una historia de Instagram fingiendo que fue accidental. Pero en cuanto lo dice el horóscopo, uno entra en alerta. De repente hasta elegir dónde cenar parece una prueba enviada por los astros.

Y entonces ocurre lo peor: algo coincide.

Lees: «Hoy tendrás un pequeño conflicto laboral». Y a las once alguien te manda un correo absurdo. Ahí empieza el deterioro intelectual, porque tú sabes que es casualidad. Por supuesto. Pero una pequeña parte de tu cerebro dice: ajá.

Y desde ese momento se acabó.

«Cuidado con los gastos inesperados». Se rompe la lavadora. Ajá. «Alguien cercano necesitará tu apoyo». Te llama tu madre. Ajá. «Es buen momento para comenzar nuevos proyectos». Abres un documento de Word.

Ahí están.

Tres coincidencias después ya estás mirando el ascendente.

Yo sigo sin creer en el horóscopo. Quiero insistir en esto. No voy a permitir que unas estrellas situadas a millones de kilómetros condicionen mis decisiones. Sería absurdo.

Además, según mi horóscopo de hoy, mientras estoy escribiendo esto, los Capricornio debemos confiar más en nuestro criterio y no dejarnos influenciar por opiniones externas.

Y pienso hacerle caso.

Cierro el horóscopo.

Bueno, cierro la pestaña.

Bueno, no la cierro.

La dejo abierta.

No porque crea.

Por si acaso.

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