Mi hijo tiene seis años, pronto cumplirá siete, y ya manda correos electrónicos. Sí, correos electrónicos: esa cosa que los adultos usamos para trabajar, recibir facturas, discutir con el ente recaudador y confirmar vuelos que nunca salen tan baratos como aparecían en esa promoción que previamente había aterrizado en la carpeta de mensajes no deseados.…
Me diagnosticaron queratocono a los 14 años. Sí, justo cuando lo único que yo quería era ver nítidas las piernas de las chicas en el colegio y los goles de Stalin Rivas y Hristo Stoichkov en la tele. Mala suerte. Mi córnea decidió ponerse en punta, como uno de esos cucuruchos de helado barato, y…
Cuando me diagnosticaron rectificación cervical, no fue una sorpresa. Mi cuerpo ya llevaba meses avisándome con crujidos sospechosos y dolores que no venían de ninguna borrachera. Pero igual jodía. Me sentí viejo. Roto. Oxidado. Así que, desesperado y en busca de ayuda profesional, pregunté en un grupo de WhatsApp si alguien conocía un buen fisio…
No sé si es la edad, o todas aquellas experiencias que viví —sobre todo en los últimos ocho años—, pero me he dado cuenta de que ya no conecto con la gente por sus gustos musicales, por si leen a los mismos autores que yo, o porque tenemos parecidas teorías conspirativas sobre el mundo. Hoy…
He pecado. Dije que sí a una boda después de diez años de matrimonio ajeno sin asistir a alguna. Y claro, la vida te pone exámenes cuando menos te apetece estudiar: no tenía traje decente, ni camisa digna, ni zapatos sin historia en sus suelas. Mi gran amiga Gimena —la novia— me invitó con esa…
Me cuesta mucho aceptar que tengo 42 años. No porque me sienta más joven. Al contrario: hay días en los que, si me agacho, me tengo que quedar un rato abajo, planificando el ascenso como si tuviera que hacer cumbre en el Teide por el sendero de Pico Viejo. Lo difícil es que aún hay…
Yo no creo en el amor a primera vista. Ni en las almas gemelas. Ni en la compatibilidad de signos. Soy de los que, cuando el horóscopo dice "hoy conocerás a alguien especial", lo único especial que conozco es el saldo negativo en mi cuenta del banco. Pero esa noche… esa noche pasó algo.
Estaba…
No fue culpa de ella. Lo digo sin sarcasmo, por una vez. No fue culpa de su impaciencia, ni de sus putos gatos neuróticos con nombres de filósofos del siglo XIX, ni siquiera del algoritmo que nos emparejó como si fuera un Cupido subcontratado.
Fue mía.
Mía por pensar que esta vez sí, que esta…
Fue fácil reconocer que ella no era de aquí. Y no lo digo solo por ese español suave, casi tímido, que se le escapa con cada palabra, ni por un acento que no termina de pertenecer a ningún sitio. Lo digo por la manera en que mira los nombres de las calles como si buscara…
Podría mentirte y decirte que todo fue parte de un plan maestro, que aquella mañana me vestí con mi mejor camiseta arrugada y mi chaqueta de viajero experimentado sabiendo que iba a encontrarme con un ángel con pasaporte europeo.
Pero no.
Lo cierto es que lo único que yo quería era un café decente —no…
