Carmen siempre había sentido que la vida en su edificio era como un capítulo mal editado de una novela costumbrista: aburrido, predecible y plagado de silencios incómodos. Entre el alocado señor alemán del 101, que se queja constantemente del aumento del condominio, y la señora del 304, que olía a linimento mentolado incluso en los…
