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El ogro del hostal

Hubo una época en mi vida en la que yo confundía precariedad con autenticidad. Creía, con esa arrogancia dulce del mochilero sin dinero, que dormir en el hostal más barato…

Mi profesor de la autoescuela

No saber conducir a los cuarenta es una forma discreta de dependencia. Nadie te señala, nadie se ríe, pero lo sabes. Cada vez que pides que te lleven al supermercado.…

He sido un impostor premium

Tengo que admitir que me encantan los programas de fidelización. Me fascinan. Son adictivos para mí. No tanto por lo que prometen, sino por cómo funcionan: por esa lógica silenciosa…

La chica de Dalt Vila

Yo no estaba paseando, estaba perdido. Perdido, como se pierden los hombres que ya tienen cuarenta y tantos y que aún se creen capaces de orientarse por instinto, porque una…

A veces la vida se pone romántica

Me acabo de despedir de Inês. Ella siguió su camino y yo, cabizbajo pero extrañamente revitalizado, no tengo otra opción que seguir el mío. La conocí hace menos de veinticuatro…

Un cortocircuito del destino

No suelo creer en las primeras impresiones. Ya estoy mayorcito para eso. La vida me enseñó que hay miradas que prometen fuegos artificiales y acaban siendo luces de bengala mojadas…

El año que no voy a resumir

No voy a resumir el año. No porque haya sido malo. Tampoco porque haya sido especialmente bueno. No voy a resumirlo porque ya no me cabe en una lista. Porque…

Ser el amante no es para cobardes

Lo he aprendido con Camila. Yo ya tenía teoría, ojo. Uno no llega a ser amante por casualidad, como quien tropieza con un bordillo. Antes hay señales, pensamientos incómodos, un…

ESCRIBO PORQUE ME GUSTA Y PORQUE PUEDO

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