Me acabo de despedir de Inês. Ella siguió su camino y yo, cabizbajo pero extrañamente revitalizado, no tengo otra opción que seguir el mío. La conocí hace menos de veinticuatro horas en Borres, uno de esos puntos del Camino Primitivo donde el mundo parece haberse olvidado de que existe el WiFi y, de paso, de…
